jueves, febrero 24, 2011

Bombero o bombera, que sepa tirar la puerta

Ayer leía un interesante artículo del que cojo prestado el título para esta entrada, el cual trata de las pruebas de acceso para los bomberos en el ayuntamiento de Madrid, y del conflicto que han desatado. A grosso modo ocurre que en el ayuntamiento de Madrid, y a diferencia de muchos otros ayuntamientos, las pruebas físicas de acceso al cuerpo de bomberos son las mismas para hombre que para mujeres. De hecho por lo visto son tan complicadas que el Instituto de la Mujer pidió la impugnación de las bases de la convocatoria por discriminatoria. El debate está servido.

En el artículo aparecen las opiniones tanto de las personas responsables de las pruebas como de las denunciantes, y la cosa es que ambas posturas son defendibles. Unos propugnan "Madrid es una ciudad con edificios de altos, de grandes profundidades, de requerimiento físico alto, y estas pruebas son el mínimo exigido". Otras propugnan que les parece muy bien, pero que el resultado de facto es que pocas mujeres pueden acceder a la profesión, y que además no se creen que esos sean los mínimos puesto que la profesión de bombero es un trabajo en equipo, y además que ellas podrían realizar otras labores (son más flexibles, tienen mejor equilibrio y gastan menos oxígeno).

Resulta un tema complicado de por sí, porque en mi fuero interno, si a mí me tiene que sacar un bombero de mi casa, me da igual sea tío o tía, querría que fuese capaz de echar la puerta abajo, cargar conmigo y sacarme de allí. Claro que también es verdad que son pocas las veces en las que un bombero va solo, sino que trabajan en equipo.

Voy a intentar aportar mis dos céntimos. La profesión de bombero es dura, tiene un requerimiento físico muy elevado. Cuando lo que está en juego es la vida de las personas no se puede permitir contar con alguien en el equipo que no sea capaz de realizar determinado trabajo. Partimos pues de la base de que son necesarios unos mínimos. Ahora bien, ¿quién se ocupa de fijar los baremos para esos mínimos? En el caso de los bomberos esto lo hacen los convocantes de la oposición, el Ayuntamiento de Madrid y el Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid. Las aspirantes se quejan de que las pruebas mínimas son más duras de lo que luego realmente requiere la profesión y tal vez tengan razón, pero eso pasa con todas las oposiciones. Pero claro, ya no hablamos de requerimientos de aprendizaje, en los que los hombres y las mujeres están a la par, sino de fuerza y potencia física, donde la mujer por genética parte con algo de desventaja.

Creo que la petición de las denunciantes, en este caso el Instituto de la Mujer, está mal planteada en tanto el trabajo a realizar es el mismo sin importar el sexo. Si el problema estriba en que las pruebas no son correctas, entonces hay que cambiar las pruebas por otras más acordes, pero nunca, en ningún caso, aceptar que alguien obtenga un puesto que, por méritos, debería obtener otra persona. Porque, llegado el caso, un hombre de constitución débil no tendría la ventaja que tendría una mujer de sus mismas capacidades físicas. La discriminación positiva hacia un colectivo ha resultado en discriminación negativa para otro colectivo. Esto no es justo, sencillamente. Los mínimos deberían serlo para todo el mundo por igual.

Los hombres y las mujeres no tienen ningún derecho a ser bomberos, sino que tienen derecho a intentar convertirse en bomberos. Si la denuncia del Instituto de la Mujer viniese planteada en términos de desacuerdo con la naturaleza de las pruebas yo la suscribiría, pero así tal y como lo han hecho, lo siento pero no. Es injusto, injusto para los aspirantes que se dejan la piel entrenándose durante años para que luego llegue alguien que, también habiéndose dejado la piel pero que según las pruebas, es menos capaz que ellos, y obtenga por cuestión de sexo una plaza. No debería valer más el esfuerzo masculino que el femenino ni viceversa, en ninguna de las parcelas de la vida. En esto, tampoco.

De todas formas yo lo que veo es que detrás de las bases de esta convocatoria no hay tanto un sexismo consciente como un deseo de quitarse a cuanta más gente mejor: las pruebas son MUY complicadas, eliminatorias (un fallo y fuera), y se realizan en un mismo día con lo que ello conlleva de cansancio y estrés. Si se presentan cinco mil personas para cien plazas, sólo en las físicas te puedes cargar tranquilamente a las cuatro quintas partes del total de aspirantes. Luego las teóricas (que son aún más complicadas que las físicas) reducirán aún más este número, y el test psicotécnico se encargará del resto. La razón principal es el ahorro de recursos y de pelas.

Es decir, lo mismo de siempre, pero con otra cara.

La solución del consistorio ha sido que las mujeres que superen los mínimos (los cuales van a permanecer inalterados salvo en la prueba de correr 110m con peso) van a tener un 10% más de puntos que sus homólogos masculinos. Un pan con unas tortas en mi opinión, pero en fin...


EDIT: Pensando un título para esta entrada:

Bombero o bombera, que domine la maguera (mmm... no, la referencia sexual es demasiado explícita)
Bombero o bombera, que baje a peso a la abuela (pse... me recuerda a Mortadelo y Filemón)
Bombero o bombera, que venga por mí a la carrera (no, egoista en exceso)
Bombera o bombero, que venga por mí primero (no, peor)
Bombera o bombero, con brazos de camionero (tópico)
Bombera o bombero, que ganen el mismo dinero (evidentenmente, pero esto ya sucede así que nada)
Bombero o bombera, menuda pelotera
...
(creo que mejor tomo prestado el título)

lunes, febrero 21, 2011

Más allá de la M-30 ya es lejos

Madrid ha cambiado muchísimo en los últimos decenios. No solamente ha crecido sino que todas las zonas han sufrido un proceso de remodelación y/o adaptación a la nueva realidad urbana del siglo XXI.

Recuerdo que cuando era pequeño solíamos ir a una piscina pública en verano, la cual estaba ubicada en Moratalaz. El viaje desde nuestra casa (embajadores) hasta allí nos parecía un periplo a todos. La empresa donde curraba mi padre estaba ubicada en Ciudad Lineal, es decir, donde Cristo dio las tres voces. Teníamos unos amigos que vivían en La Ventilla, cerca de la Av. de la Ilustración, es decir, allá arriba. Y suma y sigue.

Lo que ahora se conoce como la almendra de Madrid, es decir las zonas incluidas dentro del cinturón de la M-30 (o Calle 30 como quieren que empecemos a llamarla, (je, van daos)) es digamos el Madrid familiar o clásico. Pero veamos qué hay fuera de estas fronteras.

Por el norte arrancan el Barrio del Pilar y Herrera Oria; al noreste se alargan cual día sin pan la calle Arturo Soria y el Pinar de Chamartín; al este, por la prolongación de la calle de Alcalá llegamos a Quintana y la Elipa, y yendo aún más abajo a Moratalaz. Al sureste, donde la Av. Ciudad de Barcelona se convierte en la de la Albufera, se extiende Vallecas y más al sur Entrevías. Al sur-suroeste ya se llega a la calle Antonio López y al barrio de Usera. Al suroeste Opañel y Oporto, con General Ricardos como frontera. Subiendo un poco hacia el norte y enfrentados al estadio Vicente Calderón, nos encontramos con la Pradera de San Isidro y la Vía Carpetana. Y finalmente, llegando ya cerca de la Casa de Campo, el parque de Caramuel, el Paseo de la Ermita del Santo y el barrio de la Puerta del Ángel.

Resulta bastante sorprendente que los ciudadanos, incluso los que llevamos tiempo viendo cambios y sabemos que las distancias en Madrid se han acortado, seguimos pensando que estos barrios que he mencionado siguen estando lejos. Mi ejemplo: vivo en la Puerta del Ángel. Estoy literalmente al lado del centro histórico de Madrid, en frente del Palacio Real. Vivo literalmente más cerca de la puerta del Sol que alguien que vive en Chamberí o en O'Donnell. En serio. Y sin embargo, cuando digo donde vivo, la gente sigue pensando que estoy en a tomar por saco.

Tengo una posible explicación a esto. Un buen y sabio amigo me dijo una vez que Madrid eran muchas ciudades en miniatura unidas con celofán. Cualquiera que se mueva un poco por esta ciudad puede ver lo acertado de esta afirmación. Madrid creció en ensanches (barrios de Salamanca y Chamartín, Chamberí, Retiro, Pacífico y Legazpi) durante el siglo XX, y fueron precisamente esos barrios los que quedaron circunscritos más tarde por el cinturón de la M-30. Los suburbios como Vallecas, Carabanchel, Pitis o Begoña, los cuales ya existían en muchos casos aunque estuvieran separados por tramos de campo o huertas, fueron incorporados cuando el crecimiento orgánico de Madrid ya no era posible por la falta de espacio, y cuando esto ocurrió, los habitantes de esos suburbios ya tenían la imagen de ajenos a la ciudad como tal. Esto ocurrió hace nada, como aquel que dice, puesto que tres o cuatro décadas son muy poco tiempo en términos de la vida de una ciudad. La imagen que yo tengo del Madrid actual está afectada e imbuida por mis imágenes del Madrid del pasado. Tal vez sea este efecto multiplicado una de las razones que motivan que los cambios de mentalidad en los ciudadanos tarden en cobrar cuerpo en la realidad de la ciudad y viceversa. Ciudad y ciudadanos llevamos distintos ritmos. En la mente Vallecas o Usera siguen estando "allí" a pesar de que desde hace ya algún tiempo están "aquí".

Definitivamente me encantan las ciudades.

viernes, febrero 18, 2011

Prevaricación


(Del lat. praevaricatĭo, -ōnis).
1. f. Der. Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario.

Fuente: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=prevaricaci%C3%B3n

Afortunadamente en este siglo XXI y en este pais los ciudadanos de a pie podemos manifestar opiniones acerca de lo que queramos sin que nadie nos fusile por ello. Cosas de la democracia que molan oye. Pero nunca viene mal ponerse debajo de un foco e intentar ser un poco objetivo con uno mismo y con las propias opiniones. Fruto de este ejercicio sé que yo nunca podría ser un buen juez porque hay parcelas en mi vida en las que se me podría acusar de lo que abre esta entrada.

Me pasa cuando se plantean ciertas conversaciones en la mesa, por ejemplo la política. Mi abuelo paterno, en paz descanse, fue sargento en la guerra civil por el bando republicano, anarquista. En el salón de mi casa había un Guernica enorme presidiendo la pared. Soy progresista porque creo que la vida es cambio y que ese cambio debe tener la puerta abierta para poder manifestarse de forma correcta y constructiva. Y no entiendo el esquema mental de las personas conservadoras. De hecho soy firme defensor de que este país es como es y tiene las taras que tiene, entre otras cosas, porque siempre ha sido un país conservador, de misa de doce y fiestas de guardar. Y que eso tiene que cambiar, que tenemos que arrojar viejos esquemas mentales a la basura o estaremos condenados a vivir nuestra historia una y otra vez.

Ahora bien, yo no soy un buen progresista porque cometo un error básico, de los de libro: nunca he puesto en duda algunas cosas, sobre todo en lo que atañe a política. He armado mi castillo sin mover ciertos pilares. Y esto es un problema porque estoy cometiendo el mismo error que, de facto (e injustamente) achaco a los conservadores: la cerrazón mental, que no es otra cosa que pensar que el mundo es estrecho y que los matices no cambian lo que veo a través de mi ventana. Sé quiénes son los malos de la película. Lo sé de hecho desde antes de que comience la película.

Y todo esto porque desde pequeño lo aprendí y lo integré. Manda narices con los condicionamientos.

No quiero abandonar mis convicciones porque estoy convencido de que la base es correcta, pero me gustaría moldearlas para que me permitiesen ser más sabio y ver el valor y la verdad de la opinión ajena.

Mis convicciones me están empezando a constreñir.
Echo de menos debatir. En los debates yo solía sentarme y escuchar; ahora hablo demasiado.
Creo que me estoy haciendo mayor.

Buen finde.

martes, febrero 15, 2011

La palestra

Un  pensamiento: un blog es una palestra de discurso.

Hay personas que la usan para dar conferencias acerca de temas concretos. Otras la usan para adoctrinar y ganar feligreses a su causa. Hay quien opta por contarle al auditorio sencillamente qué tal le ha ido el día. No falta también el que la usa para sustentar un monólogo humorístico, o aquel que publica para que la gente opine y luego armar un debate. Hay de todo vaya.

Pero ocurre que uno se pone a reflexionar acerca de los blogs cuando lee esta esta entrada del ínclito Gorpik y empieza a tirar lineas que unan su opinión y la conviertan en algo comunicable. En mi caso esta linea se resume en la siguiente sentencia: en general me gusta leer aquello que percibo que ha sido escrito con esfuerzo, es decir, algo que le ha llevado al autor o autora cierta cantidad de energía y tiempo. O dicho de otra manera, el fruto de la inferencia de que a mí me hubiese costado escribir ese texto.

A falta de un mejor criterio considero que éste es válido en general, pero aún más en la situación actual, situación heredera del aumento de la facilidad para lanzar información a ese vasto espacio que es internet. Y el caso es que considero que es algo positivo, la continuación de algo que valoro: la accesibilidad al conocimiento por parte de las personas. Pero ocurre que esa facilidad deriva naturalmente en el vicio del exceso de información si no se hace el esfuerzo consciente por controlar y filtrar lo que llega.

Un ejemplo de esta tendencia la vimos hace unos años con el auge del correo electrónico, auge que trajo consigo el problema del Spam. Y es que la información que nos llega muchas veces o no tiene importancia en absoluto o es muy poco importante.

Cuando aparecieron los blogs vinieron a ocupar un nicho libre en el gran muro del ciberespacio: crearon un lugar personal de acceso asequible donde colgar primero texto, y más tarde contenido multimedia, con el mismo esfuerzo que costaba escribir en un procesador de texto. Básicamente un publicador de discursos. Y la idea tuvo éxito, vaya si lo tuvo.

A día de hoy los blogs no han perdido ese valor, aunque, como bien señala el maño, sí la popularidad que antes tenían para dejársela a las modernas herramientas de red social tipo Facebook o Twitter. Pero es importante señalar que esas herramientas no son un sustituto de los blogs, sino que son aplicaciones que han venido a ocupar su nicho, como ya hicieran los blogs en su día, el nicho de la comunicación veloz, del intercambio rápido de opinión, del estar las 24 horas vinculado a tu gente. Es normal que los blogs personales hayan perdido popularidad, de la misma manera que es más popular ir a un bar con los colegas que irse al teatro a ver un monólogo, aunque el monólogo sea bueno. Ambas actividades no se pisan, sino que ofrecen cosas diferentes.

Ahora bien, los blogs, los cuales me gustan por múltiples razones, tienen una ventaja significativa en este cuadro: llevan incluidos su propio filtro. Es decir, la gente en los blogs publica (en general) aquello que considera importante porque la redacción del texto cuesta esfuerzo y, en general, está articulado y trata de comunicar un mensaje complejo. Obviamente hay éxito dispar en ese objetivo, pero ello no niega el esfuerzo de los autores. Las redes sociales no ofrecen nada parecido (hasta donde sé) puesto que gran parte de su éxito radica en la velocidad con la que se transmite la información, y la necesidad de funcionar a esa velocidad deja menos espacio a una redacción trabajada o a un mensaje complejo. Todo esto, insisto, yendo a la filosofía del asunto sin entrar en particularidades, que hay de todo en todas partes.

Es por esto que no creo que Facebook vaya a sustituir a los blogs de la misma manera que el fax no sustituyó al teléfono, sino que ocupa una nueva cara en la multifacetada superficie del ciberespacio. El blog no comunica mejor que Facebook, sino que la comunicación transcurre por canales distintos. La única circunstancia que percibo en la que sea posible la desaparición de los blogs es que las herramientas sociales los incorporen a su código, (como ya intentaron Messenger o MySpace), y entonces no asistiríamos a una desaparición sino a una adaptación.

Los blogs, las palestras, desaparecerán cuando desaparezcan los discursos y las personas que los dan. Y no creo que tal cosa vaya a suceder pronto.

Y ahora una cita de un hombre sabio:
Un buen principio y un buen final hacen un buen discurso. Como es obvio, a menor duración, cuando más cerca estén el principio y el final, mejor será el discurso. Y el mejor discurso es el que no se dice.

jueves, enero 27, 2011

La marcha de la bombona

Hace años, seis para ser exactos, publiqué una celebrada entrada sobre mis avatares con una bombona de butano. Precisamente me acordaba de ella cuando ayer, de nuevo, me cargaba una bombona al hombro y emprendía la ascensión al Alto de Extremadura con ella a cuestas.

Antes de que aquellos que tenéis coche carguéis contra mí y empecéis a insultarme por no llamaros, debo aclarar que esta vez no lo hice por obligación, o al menos no sólo por eso. Es verdad que me había quedado sin butano, pero podría haber esperado al día de hoy, en el que Persefone, loado sea su nombre, viene y podríamos haber subido con el coche. En realidad me lo tomé más bien como un entrenamiento de fuerza y resistencia y estoy bastante contento del resultado. Resultado que no es otro que no estar destrozado hoy.

El caso es que aquella bombona que cargué hace seis años era esta, la hermana pequeña de la bombona tradicional:

Y, en cambio, la que cargué ayer, conocida y querida por todos, es esta:
Consejo: si intentáis alguna vez algo parecido llevad botas y guantes. Las primeras porque ayudan a mantener la estabilidad al caminar, y los segundos porque si no se llevan, las asas metálicas de la bombona te hacen la puñeta en las manos. El caso es que la subida, a pesar de ser una pendiente bastante pronunciada por tramos, no se hizo pesada. Pero la bajada... ya la bajada. Claro, ocurre que una bombona llena pesa entre 23.5 y 27.5 kilos. Pero, salvo un pequeño receso en el Alto de Extremadura para atender al móvil (gracias por los ánimos cariño), hice el camino sin pausas, cambiando la bombona de hombro a hombro cuando uno se resentía. Otro consejo: colocad la bombona de manera que su sección media descanse sobre el trapecio y con las asas paralelas al suelo; de esa manera el brazo y hombro que sostienen la bombona tendrán una posición poco forzada.

Conclusión: mis invitados,  los ínclitos Imperator y Nur, y mi dulce dama, podrán ducharse con agua caliente este finde. Mi entrenamiento y mi objetivo EBAPDTMP siguen adelante.

miércoles, diciembre 22, 2010

Leyes humanas y "Leyes" divinas

En la sociedad actual hay una profunda tradición mística porque durante muchas centurias la religión ha estado imbricada profundamente en las constumbres y quehaceres cotidianos de los pueblos de occidente. Las festividades, la gastronomía, o las relaciones sociales son ejemplos de esta influencia, y su tradición y fuerza perduran incluso hoy en día, cuando en apariencia el llamado laicismo está ganando poder.

Esta profunda imbricación ha dejado una huella muy profunda en la moral de occidente. Ejemplo de esto es el caso del cristianismo, cuya dilatada sombra sigue presente aún cuando muchas veces no se perciba en nuestro día a día. Esa huella moral la considero beneficiosa porque ayudó a dotar a la sociedad de un esqueleto rígido sobre la que sustentar los poderes civiles. Echando la vista atrás podríamos decir que el cristianismo tuvo su época dorada en cuanto a poder en el tiempo que media entre el emperador Constantino y el fin del Medioevo. La caida del imperio romano de occidente marcó el fin de estructuras de poder que se habían mantenido durante siglos, la más importante de las cuales la tenemos en la ciudad; se volvió al campo y Europa se pobló de pequeños feudos, los cuales tenían sus reglas de servidumbre. El único vestigio de civilización que permaneció inalterado fue la Iglesia, el cual actuó durante siglos como elemento estabilizador a un nivel muy básico y con unos elementos igualmente básicos: la parroquia en los pueblos y la catedral en las ciudades como lugares públicos. Ciertamente la concepción medieval de lo público no puede compararse a la concepción clásica, pero es innegable que ambos tipos de templo actuaban como lugar de reunión de la comunidad. También tenía un fin pedagógico y moral puesto que lo que en ella se impartía aspiraba a moldear las relaciones y la conducta de los feligreses. El intercambio y el debate característicos del ágora fueron sustituidos por el silencio y la introspección colectivas. Las comunidades eran estables por necesidad y por lo tanto cualquier avance que por casualidad pudiera darse era contemplado con recelo en tanto posible desestabilizador. Hubo que aguardar hasta el bajo medioevo para que el auge del comercio condujese a la creación de los primeros burgos y se produjese una paulatina apertura al exterior por parte de las pequeñas comunidades.
Ahora bien, este proceso social a nivel básico fue acompañado de otro igualmente importante: la identificación de las estructuras jerárquicas de la iglesia católica con órganos de poder. Esto no implica otra cosa que el hermanamiento de los altos cargos del catolicismo con los gobernantes, con el fin de actuar como brújula moral de éstos. En efecto, el proceso de oficialización que del cristianismo hizo Constantino fue la piedra angular sobre la que la iglesia edificó su propio aparato de estado, aparato que sigue presente hasta nuestros días. El cuerpo de la iglesia, con el Papa a la cabeza, es una conjunción de valores morales con unas estructuras de poder que aseguran que el catolicismo siga teniendo el ya tradicional poder de influenciar en el poder legislativo de los estados.

Este somerísimo repaso a la historia nos recuerda dos cosas: la primera, que el catolicismo sirvió de crisol para una moral que hoy en día sigue presente; la segunda, que la iglesia católica considera su deber influir en la moral tanto de los legisladores como de la gente de a pie, para lo cual tiene su jerarquía dividida en alto y bajo clero.

Bien, antes de meternos en harina, varias cosas: la primera, la iglesia no niega los derechos y la legitimidad del poder civil. La segunda, la iglesia considera que el poder civil debería ser garante de una serie de valores. La tercera, esos valores están por encima de cualquier ley humana. Es aquí donde empiezan los problemas.
Para la iglesia católica la voluntad divina se traduce en ciertas leyes de conducta a seguir, leyes humanas en su continente pero divinas en su contenido. Cuando un mandamiento dice "No matarás" no quiere decir "Dios te ordena no matar a nadie", sino "Dios es creador de una verdad superior que una vez traducida a ley humana, a la cual debes obediencia, dice que no debes matar a nadie". Puede parecer lo mismo pero no lo es. Y es aquí donde surge la controversia: cuando tienes un elemento que contiene una parte cognoscible y humana, y otra parte incognoscible o divina, que por añadidura sólo puede interpretar la persona del Papa. Y, no nos engañemos, el Papa no siempre habla ex cátedra. De hecho su labor más mediática consiste en ser precisamente la cabeza de la agrupación humana que es la iglesia católica. Pero el tener sólo a una persona capaz de actuar de intérprete entre la voluntad divina y la realidad humana solamente puede sustentarse en la fe. Y la fe no es un argumento lógico sino un don.

Tal es el plantel que veo, y debo decir que por mi parte no tengo problema alguno en aceptar y respetar a priori la fe ajena. También me vale el planteamiento moral que defiende la iglesia católica aunque tenga discrepancias con el mismo. Lo que no soy capaz de aceptar alegremente es que ese aparato se valga de maniobras políticas para influir en los gobiernos legítimos de los estados, que intente suplantar un poder soberano. Es más, puesto que no considero que exista ninguna ley divina tampoco creo en la interpretación de la misma. Toda ley, salvo las llamadas leyes naturales (que no son leyes y sobre las que escribiré otro día), es humana, y las leyes de los estados provienen de los poderes civiles establecidos. La moral es el molde de donde salen dichas leyes y nadie puede negar que la moral de occidente tiene una profunda huella cristiana, que creo bella y vigorosa; pero considero que en todo momento del crecimiento hay que dejar de lado el protector cascarón y empezar a andar por cuenta propia. No es que considere que la iglesia sea innecesaria, pero sí que su ámbito debería recular hasta adscribirse precisamente al círculo donde es capaz de dar lo mejor de sí misma, que es el terreno de la moral personal y la pedagogía. Lo mismo reza para el resto de religiones del planeta. Está perfectamente bien creer en un Dios Padre, en una Diosa Madre o en el Spaguetti Volador ya puestos, pero también lo está el utilizar sólo las herramientas netamente humanas para alcanzar los fines sociales que se deseen, a saber las leyes y el trabajo conjunto. Y para esto, los únicos intérpretes que deseo son mi psique (de la cual forma parte mi moral) y la opinión de las personas cuyo criterio respeto.

El resumen de todo esto es el siguiente: en el mundo actual me parece preferible una ley humana que, aún en su imperfección, refleje el deseo de un colectivo determinado, a un mandato divino que no pueda ser puesto en duda jamás, por perfecto que pueda ser.

Ahora, que cada palo aguante su vela.